Aquí estoy una tarde de domingo semi-invernal, con mi bata amarilla, mi pijama de estrellitas y mis pantunflas de lana... es un atuendo algo menos glamuroso de lo que tenía planeado para un día como hoy en Madrid, pero una vez más compruebo que no todo sale como uno lo planea...
Cuando llegué a Madrid, y seguramente influenciada por las series de moda de las grandes ciudades, imaginé que mi vida daría un cambio radical, y que pasaría a formar parte de ese grupo de historias dignas de un guión de superproducción americana. Mi maleta venía cargada de pantalones de pinza, vestidos de seda y ropa tipo boyfriend que pensaba vestir a diario tal y como manda la ley fashionista ( y mi idealizado planteamiento de vida nueva ), zapatos de tacón y larga melena al más puro estilo Manhattan, todo ello relegado a un discreto segundo plano tras ver que en la universidad mis tacones resuenan por los pasillos exageradamente, que mis modelitos son mirados con desdén, y que me pillo la larga melena con el bolso en el trasiego del frenético ritmo diario, lo que queda peor que mal y lejos de ayudar a mi imagen me hacen parecer una pobre pueblerina recien llegada, torpe y desgreñada...
Obligada por la rutina y la tendencia que me rodea para intentar integrarme entre mis compañeros y no sentirme un bicho raro ( glamuroso, pero raro) a utilizar vaqueros y jerseys relativamente básicos, intenté centrarme en otra parte importante de mis aspiraciones en la capital: encontrar a un chico fantástico y estupendo, a la par que guapo, estiloso y encantador, que estuviera dispuesto a enamorarse locamente de mi y tratarme a cuerpo de reina, quererme con locura, y pasear juntos por los rincones de la ciudad entre sonrisas, besos y fotos dignas de pinchar en el corcho de mi habitación ( o colgar en facebook para envidia de mis amigas ); CASI NADA. En su defecto, o hasta encontrarlo, me imaginaba ocupando mi tiempo de ocio entre interesantes cafés peculiares, o fiestas cocktail en las que lucir mis vestidos con encanto, y enamorar con mi presencia a los interesantes chicos del lugar con tan solo un cruce de miradas...¬ ¬
Genial, en teoría era estupendo y sencillo, pero lo cierto es que hasta el día de hoy apenas he podido explorar la ciudad, o encontrar uno solo de estos "interesantes lugares" que imaginaba mi mente mamona ( y la insulto por crearme falsas ilusiones ); ni siquiera he podido ponerme mis vestidos porque ahora la tendencia es ir muy casual siempre ( aunque el look será todo menos casual, porque nadie consigue ir tan estupenda de pura casualidad...¬ ¬ ); los chicos estupendos de película no existen, y desde luego, podrás ( o no, no lo sé ) cpnquistarlos a copazos, pero con un cruce de miradas... está claro que no, eso contando con que quede alguno que no sea homosexual, porque la diosa fortuna, a quien debo haberle hecho algo horrible para que me odie tanto, ha hecho que la gran mayoría de chicos guapos ( pero guapos de verdad ), estilosos, amables y estupendos, ¡¡¡se vean atraidos por otros chicos guapos, estilosos y estupendos!!!¡¡¡ y lo peor es que es normal!!! ¿¡¡como no iban a gustarse mutuamente si son maravillosos!!?...
Crispada, frustrada, y por consiguiente cabreada, paso el día entre labores domésticas y apuntes que se tornan incomprensibles; y es que la vida de la independencia está genial, pero nadie menciona lo genial y divertido de recoger, fregar, barrer, lavar, tender, planchar, recoger otra vez, descubrir que tienes que ir a la compra, ir a comprar, semi-amputarte las manos en el traslado de las bolsas, cabrearte porque en comprar 5 artículos contados te has dejado más de 20€, colocarlos, cocinar, lavar de nuevo, volver a recoger, y así todo el día, tratando de que no se te acumulen las tereas pero evitando que ocupen todo tu tiempo vital...
Hoy en especial mi cabreo se incrementa por otros motivos que ya explicaré cuando me des-cabree un poco, porque ya se sabe que en caliente es mejor no actuar por aquello de que se acabe publicando algo que luego uno quiera retirar...
En conclusión: llegué pensando montarme mi cuento de hadas y ser la princesa encantada que lo protagonizase... y todo indica que gracias a la realidad, acabaré siendo la princesa desencantada que lo aguante...
Hasta la siguiente chic@s!!!
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